Miami es una ciudad donde hay bastantes opciones para satisfacer el apetito carnívoro. Además de la mezcla de culturas que van desde Sudamérica hasta el Este Oriental, hay una abundancia de restaurantes y cafeterías que nos transportan a esos países. Miguel De Marziani, propietario de Rincón Argentino, nos lleva al país donde carne es la especialidad.
De Marziani cuenta que núnca esperó manejar un restaurante, antes de meterse en el negocio trabajó en construcción por 20 años, y antes de eso, jugaba futbol, de cualquier manera, el negocio lo llamó, junto con un socio, abrió El Rincón Argentino. La asociación duro sólo siete meses, pero el amor por lo culinario ya había permeado en su alma.
“Yo tengo cinco hijos: mis cuatro hijos y el restaurante, es la línea que tomé.”
En sus 47 años viviendo en los Estados Unidos, el restaurante es algo que representa lo familiar, Miguel dice que sentarse en una mesa en Rincón Argentino es como sentarse en una mesa de cualquier restaurante en Argentina. La mezcla de Argentina e Italia es algo automático, “¡somos hijos de Italianos!”.
Por eso es común ver platos Italianos en restaurantes que sirven comida Argentina, porque “lo italiano prevalece”.
De Marziani es un hombre modesto y encantador, él ve a cada cliente como familia, y al igual que a sus empleados; en cualquier momento del día, se lo puede ver dando vueltas por el restaurante , como también a su esposa Ileana, o a su hijo Michael. Este negocio de familia es algo que él imagina perdurará en las generaciones por venir. Esta es la cultura de ellos y la viven en cada momento que pueden ver y apreciar lo lejos que han llegado estos últimos 27 años.
En los años dorados, llegaron personas conocidas como José José, Laura Pausini, Pelé, y Don Francisco, entre otros, y degustaron la comida que De Marziani describe como auténtica, poque “La palabra es auténtica” dice De Marziani, “la carne, los postres, las pastas y platos con milanesas. ¡Lo tenemos todo!”
Dice De Marziani que la naturaleza del edificio, junto con los cambios, ofrecen un aire más autóctono, parte de las renovaciones fue el techo, que fue pintado y tallado a mano; fotos de amigos y clientes conocidos adornan las paredes, y apenas se entra ya se ve “el asador” (un accesorio, que Miguel insiste, nunca se debe confundir con la parrilla) cocinando carne a la perfección.
Miguel también tiene un aura de autenticidad: no se preocupa por ser original, ni único, él solo se preocupa por su establecimiento y por mantenerlo bien, para él, eso es lo más importante.“Soy quien soy.”